Más allá del talento, la decisión de seguir creciendo
La curiosidad puede cambiar una vida cuando deja de ser una simple pregunta y se convierte en una forma de caminar por el mundo.

La curiosidad puede cambiar una vida cuando deja de ser una simple pregunta y se convierte en una forma de caminar por el mundo. Para Iris, cada libro, cada viaje, cada escenario y cada reto han sido una oportunidad para descubrir algo nuevo sobre la realidad... y sobre sí misma.
Lo que realmente define su historia no es la cantidad de actividades en las que ha participado, sino la manera en que ha aprendido a mirar el mundo. Creció en un entorno donde aprender siempre fue una posibilidad abierta. Sus padres procuraron brindarle una formación integral y despertaron en ella el interés por aprender desde distintos ámbitos.
Nunca sintió que tuviera que elegir una sola pasión, porque desde pequeña entendió que el mundo era demasiado amplio para conocerlo desde una única perspectiva.
Esa formación despertó en ella una necesidad constante por descubrir cosas nuevas. Se describe como una persona curiosa, disciplinada y responsable, alguien que no teme salir de su zona de confort cuando aparece una oportunidad para crecer. Por eso comenzó a participar en convocatorias de distintas áreas, desde competencias nacionales de danza hasta concursos de filosofía y redacción de ensayos. Cada viaje, cada proyecto y cada reto representaban mucho más que un reconocimiento: eran oportunidades para poner a prueba sus capacidades y ampliar su manera de comprender la realidad.
Detrás de esos logros también hubo sacrificios que pocas veces se ven. Horas de estudio mientras otros descansaban, noches dedicadas a perfeccionar un ensayo, recreos para resolver dudas con sus maestros y momentos en los que decidió dejar de lado salidas con amigos para prepararse mejor. Nunca lo hizo buscando una recompensa inmediata, sino porque comprendió que el esfuerzo termina dando una satisfacción mucho más profunda.
Uno de los momentos que más marcó su vida llegó durante la pandemia. Mientras el mundo parecía detenerse, Iris atravesaba la transición entre la infancia y la adolescencia. El aislamiento cambió su rutina, pero también le regaló algo que pocas veces había tenido: tiempo para detenerse, conocerse y preguntarse quién quería llegar a ser. Fue una etapa en la que comprendió que crecer no siempre significa avanzar más rápido; a veces significa aprender a escucharse con mayor honestidad.
Ese proceso también estuvo acompañado de incertidumbre. Adaptarse a nuevas personas y descubrir que no siempre compartían su manera de pensar llegó a ser frustrante. Hubo momentos en los que sintió que sus esfuerzos no daban resultado o que los logros tardaban demasiado en llegar. Con el tiempo comprendió que crecer no consiste en avanzar más rápido que los demás, sino en seguir aprendiendo y confiar en que cada camino tiene su propio ritmo.
Otra persona que dejó una huella importante en su historia fue uno de sus tíos. Gracias a él comenzó a acercarse a la filosofía, la literatura y la escritura. Un regalo de cumpleaños, El mundo de Sofía, despertó preguntas que terminarían acompañándola hasta hoy. Encontró en sus páginas una forma distinta de comprender el mundo y descubrió que cuestionarse las cosas no era una señal de incertidumbre, sino el principio del conocimiento. Desde entonces nació en ella una inquietud que continúa guiando muchas de sus decisiones: comprender mejor al ser humano.
Hoy mantiene un interés especial por las neurociencias sin alejarse de las artes, especialmente de la danza, una disciplina que la ha acompañado desde niña. Para Iris, todas esas áreas forman parte de una misma búsqueda: comprender mejor a las personas y encontrar maneras de aportar algo positivo a quienes la rodean.
Con los años también ha cambiado su manera de entender el futuro. Descubrió que fortalecer la mente no consiste únicamente en adquirir conocimientos, sino en desarrollar empatía, aprender a comunicarse mejor y construir relaciones más sanas. Por eso procura vivir de acuerdo con valores como la responsabilidad, la lealtad, la amabilidad y la pasión, convencida de que el aprendizaje también se refleja en la manera en que tratamos a los demás.
También encuentra una motivación muy clara para seguir adelante: algún día poder sostener a su familia, cuidar de quienes siempre la han apoyado y devolverles, desde la gratitud, todo lo que han hecho por ella. A ese deseo se suma una pasión inagotable por seguir aprendiendo y descubrir el valor que puede existir en cada experiencia, por pequeña que parezca.
Cuando habla del éxito, su definición se aleja de los reconocimientos o del prestigio. Para ella, el éxito significa ser feliz. Es encontrar un sentido propio para vivir, disfrutar el camino y permanecer fiel a aquello que da propósito a la vida. Sueña con estudiar neurociencias, seguir formándose y ayudar a otras personas a descubrir su potencial, cambiar la perspectiva de alguien que necesite una nueva oportunidad para creer en sí mismo y vivir plenamente junto a las personas que ama.
Si pudiera hablar con la niña que fue, le diría que todas las tormentas pasan. Que llegarán personas nuevas, oportunidades inesperadas y aprendizajes que hoy parecen imposibles de imaginar. Ese mensaje resume también lo que desea compartir con otros jóvenes: nunca dejar de aprender, nunca dejar de explorar y recordar que siempre existe un camino para seguir creciendo, aunque no sea el mismo para todos.
La historia de Iris recuerda que el conocimiento no comienza cuando encontramos todas las respuestas, sino cuando nos atrevemos a hacer mejores preguntas. Demuestra que la curiosidad puede convertirse en una forma de crecer, comprender a los demás y construir un propósito. Porque, al final, aprender no consiste únicamente en acumular conocimientos, sino en permitir que cada experiencia transforme la manera en que entendemos el mundo.





